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viernes, 25 de noviembre de 2016

LAS LÁGRIMAS DE UN PAYASO


LAS LÁGRIMAS DE UN PAYASO

©Giuseppe Isgró C.


Santo Berto, hombre triste, desafortunado,
por la vida dando tumbos fue avanzando.
Mil labores, mil desdichas y sinsabores
de su ser la existencia curtieron.

De las labores todas, suerte probó,
cual si ellas largas avenidas fueran,
que sus anchas vías ofrecieranle paso
por el que sin rumbo fijo avanzar.

Cuando sastre, mal se las andaba,
pues su sentir allí no estaba.
Quizá, pensó, arreglando de los pies los guantes
satisfacer su inquietud podría.
Pero no, por doquier buscaba
la inquietud crecía, se atormentaba más su ser.
Sus lánguidos y tristes ojos reflejaban pesadumbre.
Todo su ser de tormento antro era.

En su mente, mil preguntas formuladas,
desarrollaban escabrosos temas.
Él, que en la vida “no era nadie”
pensaba cual si profundo filósofo fuera.

Algunas veces,
con de tormento desatada pasión,
terminaba preguntándose en grito enfurecido:
-¿Por qué las pobrezas,
por qué buenos y malos,
sabios e ignorantes?
¡Parecíale que el Ser Excelso
fuera el más injusto de de los seres todos!

Un día,
con la llegada a la ciudad, de un circo,
en el que habían acróbatas, fieras domadas,
y todo lo que en un circo hay,
…………hasta payasos,
despértole extraña idea.

-“Eso es, -exclamó Santo Berto-,
-¿cómo no lo había antes pensado?
-¿Por qué no probar a ser payaso?
Al tiempo que reflexionaba:
-“Ellos que tanto hacen reír,
¿cómo será su mundo?
Bien pronto habría de saberlo,
pues, sin más pensarlo, payaso se hizo.

Pasaron los años luengos,
Santo Berto seguía de payaso.
Había viajado por el mundo todo,
haciendo reír a grandes y chicos.

¡Cómo divertía!
¡Era el payaso más cómico
y que más hacía reír!

Pero nadie imaginar jamás podría
que Santo Berto fuera hombre triste,
que la vida ansiaba conocer
y que atormentado yacía en sus incógnitas causas.

Pero eso sí, en sus andanzas por la vida
sabía lección había aprendido,
por lo que pensaba:

-“Mientras el hombre ríe,
no es malo ni pobre,
es sabio, es rico”-.

Ese era el fruto de su vida de payaso,
por eso era el hombre más cómico
y que más hacía reír.

Pero mientras todos reían,
de sus ojos gruesas lágrimas
derramabanse.
El sentimiento del hombre
que siendo grande es niño, se diluía,
eran las lágrimas de un hombre triste
que hacía reír.


Puerto La Cruz, Venezuela, 1970.

Recitada en el Programa "ATARDECER POÉTICO", 
por Antonio -Totoño- Lara, en Radio Puerto La Cruz, en 1970.





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