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viernes, 28 de octubre de 2016

NO ME LLAMES MAESTRO, HERMANO, ES UN MEJOR TÍTULO



NO ME LLAMES MAESTRO,
HERMANO, ES UN MEJOR TÍTULO

©Giuseppe Isgró C.


No me llames maestro,
sólo a la Divinidad debe llamársele así.
Hermano, es un mejor título,
o, amigo, como decía Don Quijote.

Líder, o conductor, se diría hoy;
líder de líderes, prefieren los más exigentes.
Líder de mí mismo, prefiero, en lo personal,
y al de maestro, eterno aprendiz,
o compañero de la Divinidad,
aunque sea Ella quien nos acompañe siempre,
y muchos precisan, todavía, percibirlo.

Me gusta el término amigo;
cuando te diriges a mí;
no me llames maestro,
que me haces avergonzar
cuando medito en mi ignorancia,
y apenas una ínfima parte de ella
logro percibir.

Es incierto que Sócrates
sabía que no sabía aquello que no sabía,
cuando dijo: -“Yo solo se
que no se aquello que no se”.
Cómo podría saberlo?
Sólo la Divinidad puede conocer
todo lo que uno ignora.

Es muy fácil contar las semillas
de una naranja.
Pero, quién podría enumerar
las naranjas potenciales
contenidas en una semilla?
Sólo la Divinidad podría hacerlo!

Nosotros, jamás podremos conocer
todo lo que ignoramos,
ya que esa es la tarea
que la Divinidad nos asignó
para toda la Eternidad,
sin alcanzar jamás límites algunos.
Caso contrario, qué habría más allá
si la nada no existe?

En nuestro archivo espiritual,
o memoria, en el alma, -no en el cerebro-,
se efectúan los asientos contables,
en cada ciclo de vida,
de nuestros pensamientos, sentimientos,
palabras y actos.

En el Espíritu, el resultado de esa experiencia,
de incontables ciclos existenciales,
se expresa, como: Aptitud, capacidad,
inteligencia, o, carácter;
es decir, grado de percepción,
comprensión y realización.

Pero, en la conciencia de los seres,
que es la misma que la de la Divinidad,
o, una réplica exacta de la de ella,
se comunica la Divinidad con cada ser,
en los cuatro reinos naturales:
Humano, animal, vegetal y mineral.

El lenguaje que utiliza la Divinidad,
es el de los sentimientos análogos
al de los valores universales,
o atributos divinos.

Algunos ven, comprenden y realizan,
si persisten en centrar la atención
en el objeto de su interés,
sin abandonar a mitad del proceso.

Al centrar la atención, sosegadamente,
se expande la conciencia perceptiva,
comprensiva y realizadora.

Lo mismo ocurre con el poder creador,
potencialmente infinito, que se anida en cada ser;
se expresa con cada necesidad, deseo
u objetivo por realizar, en forma equivalente.

Por eso, al experimentar una situación
por resolver, siempre tenemos el poder
para hacerlo, si es nuestra intención realizarlo.
Es preciso afrontar la situación con ánimo de triunfar,
persistiendo cuando las cosas se ponen menos fáciles.

Este es el momento en que se activan
los poderes creadores de la mente
y la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.

Recuerda: jamás se debe abandonar a mitad de camino.

La actitud de triunfar siempre la expresó Bolívar,
en Casacoima, Pativilca y en todas sus actuaciones,
transmutando en éxito toda situación adversa.
Son las oportunidades ocultas, que sólo ven
quienes saben ver más allá de las apariencias,
es decir: los Époptas.

El genio viene con cada ser,
en los cuatro reinos naturales;
es preciso expresarlo cual lo hiciera
Miguel Ángel con el David que extrajo
del inmenso bloque de mármol,
quitándole todo lo que le sobraba,
pero, antes supo verlo con su imaginación,
o visión del Espíritu.

Por eso los hijos, e hijas de la luz,
desbastan la piedra bruta de la personalidad,
y labran la piedra cúbica, siempre perfectible,
con la cual encajar en la construcción
de la obra perfecta, taller de perfecciones,
según los planes trazados por la Divinidad,
en la ley cósmica impresa en la conciencia.

Es una guía certera en todo pensamiento,
sentimiento, palabras y actos.
Todo conocimiento está dentro de la conciencia
en estado de potencialidad infinita.

La experiencia del mundo sensible,
o dimensión física de la vida,
la expresa en el grado equivalente
a la percepción de turno
de la propia ignorancia.

Donde se centra la atención
se abre una ventana de la mente
y se observa lo que a nuestros ojos,
y entendimiento, se presenta.

Hay quien mira y no ve nada;
otros ven y no comprenden;
en cambio, hay quien ve, comprende
y realiza.

Éstos sostienen el mundo!
Son faros del camino
que utiliza la Divinidad
para proyectar Su Luz.

Adelante.



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